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¿Sabemos lo que es vivir?

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Cuando hace varios siglos Francisco de Quevedo definió la vida y la muerte, nunca pensaría que sus palabras habrían de definir a la perfección la existencia de cualquier ser humano, empezando por él mismo. Y fue una definición sencilla, escrita en su obra “El Sueño de la Muerte o el Marqués de Villena en la Redoma”. Dicha definición la pronuncia la muerte y es así: “lo que vosotros llamáis vivir es empezar a morir, lo que vosotros llamáis morir es acabar de morir, vivir es morir viviendo”.

Y por eso me asombro de la hiperestupidez de algunos de nuestros políticos que se creen eternos. Bueno está tener proyectos de futuro, pero para los demás, pues en cualquier momento, a la vuelta de cualquier esquina, viene la Parka y te pide el curriculum, pero no el material, sino el espiritual. ¿Cuánto has odiado, a quién y por qué? ¿Qué felonías y deslealtades has cometido con los demás? ¿A quién has atacado o humillado en tu propio beneficio? ¿Cuánto y por qué has mentido?, etc. El hecho de morir puede afrontarse de varias maneras, tanto en forma exclusiva como mezcladas, cada cual en el grado que le parece.

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La primera manera de afrontar vida y muerte es con el consejo del poeta latino Quinto Horacio Flaco: “Carpe Diem”, vive al día. Aunque por otra parte, Quinto Horacio Flaco se contradice bastante con su oda Beatus Ille, una exaltación de la vida retirada, tal como dijera nuestro Fray Luis de León en su también Oda a la Vida Retirada:

“Aquí la envidia y mentira

Me tuvieron encerrado,

Dichoso el humilde estado

Del sabio que se retira

De aqueste mundo malvado,

Y con pobre mesa y casa,

En el campo deleitoso,

Con solo Dios se compasa,

Y a solas su vida pasa,

Ni envidiado ni envidioso”.

            ¿Qué tienen en común Horacio y Fray Luis? Pues que cierran los ojos ante la muerte, pero viven como si fueran a morir en cualquier momento. La verdad es que es una postura inteligente, pero hay que reconocer que no muy valiente. Eso si: cómoda como ninguna. Pero luego… ¡ah!

            Otra opción es la de Teresa de Jesús, que ansía y desea la muerte. No solo no la teme en absoluto, sino que la reconoce como la puerta de la felicidad:

“Ven muerte tan escondida,

Que no te sienta venir,

Porque el placer de morir,

Pudiera darme la vida”.

            Santa Teresa está en la línea de San Agustín, cuando decía aquello de que: no voy a dejar de existir, simplemente me iré a la habitación de al lado; seguiré estando con vosotros, aunque no podáis verme, porque estaré en esa habitación de al lado. Es una Fe poderosa, una confianza ciega en la eternidad.

            En otro orden, el también gran poeta San Juan de la Cruz –a mi juicio, junto con Federico García Lorca, uno de los dos mejores poetas en lengua española– describe a la perfección lo que es la muerte en su noche oscura del alma:

“En una noche oscura,

En ansia de amores inflamada,

¡Oh, dichosa ventura!,

Salí sin ser notada,

Estando ya mi casa sosegada”.

            Estos santos y poetas definen perfectamente la visión de vida y muerte del cristiano. Y eso produce una tranquilidad y una felicidad casi indescriptible. Y un valor que no se supone, como en la milicia, sino que se demuestra claramente con su vida. Es para muchas personas lo más deseable.

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            Pero existe una tercera opción, la del agnóstico y, sobre todo, del ateo. Estos no se creen que se siga viviendo y por eso carecen –por lo general– de principios morales. Su única doctrina es el egoísmo: “yo-mi-me-conmigo y al prójimo que le vayan dando”. Es la postura de la mayor parte de los extremistas, especialmente de los que se titulan “progresistas”, cosa que es incompleta, pues debieran llamarse autoprogresistas del bolsillo propio en detrimento del ajeno. Estos progresistas son, por lo general, vagos y maleantes. Bueno, hasta en la segunda república española se dieron cuenta cuando promulgaron la ley de vagos y maleantes, aprobada por las Cortes de la II República Española el 4 de agosto de 1933. No creo que la resuciten, pues habría bastantes autoridades en activo a las que les afectaría dicha ley. La verdad es que esta opción en los autodenominados progresistas es repugnante. Ya lo dijo Cervantes, en el episodio de la aldea del rebuzno: "no rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde". Amplíese a otros cargos políticos de más enjundia.

            Sin embargo, hay otras personas no creyentes en la vida eterna que sí tienen unos sólidos principios morales, pero por lo general no se dedican a la política. Estas personas no hacen planes a largo plazo, pero tampoco se puede decir que vivan al día. La cuestión es que si, pero no; o mejor dicho: no, pero si. Realizan planes siempre a corto o medio plazo, pero procuran tener un buen nivel cultural (a diferencia de los progresistas). Esto hace ver que la convivencia entre creyentes y no creyentes es subsidiaria de la cultura y cuando esta alcanza un mínimo, la convivencia es muy buena.

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Otra posibilidad del enfoque de vida y muerte es el azar. Hay gente que se juega la vida por las más diversas razones, como quien juega a la ruleta. Unos lo disfrazan de deporte, otros de sensaciones arrebatadoras o de cualquier otra cosa. El caso es que lo que les subyuga es jugarse la vida. Y esto va a más. Ya de hecho hay ofertas de turismo de riesgo en casi todo el mundo. Y no hablemos de las carreras de Fórmula 1 o de motos. Y el boxeo, la lucha libre, otros tipos de lucha, los circuitos de caza para inexpertos, etc. Hay un “crescendo” de todas estas aventuras. A veces uno se encuentra a gente que va a escalar montañas mal pertrechados, mal informados y mal entrenados. ¿Qué piensan todos ellos de la vida y la muerte? Yo creo que no piensan nada y ese es el problema. Hoy en día la gente carece de formación científica, cultural, deportiva, social, etc. Hemos dejado que nos creen una sociedad amoral e inculta, con la excusa de la libertad democrática. Y la consecuencia de ello es que hemos perdido una generación, la de los que ahora nos pretenden mandar, que ni saben ni quieren saber nada excepto poseer cada vez más cosas, las cuales por otra parte ni saben ni quieren saber lo que son, cómo se hacen o para qué sirven. Estos detalles les encantan a los chinos, que con una facilidad pasmosa se han adueñado de la economía del mundo. La vida, en este caso, es perder el tiempo para ganar dinero con el trabajo de otros. Y eso si que es un riesgo mucho mayor que el de los deportes peligrosos o las vivencias extremas.

Y dentro de este grupo hay dos tipos de personas muy especiales: los locos, que a las claras o con disimulo buscan el suicidio, y los ignorantes, que se atreven con algo que desconocen lo suficiente y para lo que no están preparados. A veces mueren ellos y otras veces les causan la muerte a otras personas. Excluyo de aquí los accidentes, lógicamente, pues una cosa es la mala fortuna y otra bien distinta la insensatez. En fin, para todos los de este grupo, la muerte es algo que no existe para ellos, sino para otros. Salvo que estén mal de la azotea y quieran suicidarse. Es la posición del iletrado.

Finalmente está la posición filosófica, esa que tan bien se define en el proemio del Quijote, mediante el diálogo de Babieca y Rocinante:

… Babieca: Metafísico estáis.

Rocinante: Es que no como …

            Pues eso, que ya lo decía Hesíodo: “el hambre es la compañera inseparable del perezoso”. Y hay perezosos, como Karl Marx, que mató de hambre a su familia con el cuento de la filosofía, pues jamás trabajó en nada serio. No me explico el éxito de su filosofía, salvo por una cosa: hay mucho gandul suelto. Y cuando no se come, se divaga. Como bien dijera Einstein: "el estómago vacío es mal consejero". Es curioso, pero los progresistas, cuando llegan al poder, todos engordan.

            La filosofía especula sin datos probatorios. Cierto es que la inmensa mayoría del universo no podemos percibirla, así como tampoco nuestro propio entorno, por la limitación de nuestro sistema sensorial. Por eso, como bien dijo Paul Eluard, “hay otros mundos, pero están en este; hay otras vidas, pero están en ti”. Este poeta fue el primer marido de Gala, quien después se unió a Salvador Dalí. Pues puede que lleve razón. A lo mejor la muerte no es más que una mutación de la vida. No lo sabemos. Es el enfoque filosófico del tema.

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            Por eso, cada vez que nos sentimos mal solemos pensar en el futuro. Salvo que seamos unos insensatos, como los “progresistas”, que a veces dudo de si pueden hacerlo. En fin, es lo que nos ha tocado. Y si quieren saber algo acerca de la muerte, pregúntenle a un legionario de los de antes. Esos saben más que el Espasa de ello.

Francisco Hervás Maldonado


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