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Las tácticas de la Nueva Internacional Negra en las protestas violentas en Cataluña

cataluna entra en fase critica los radicales llaman a atacar a los mossos incluso cuando vuelvan a sus casas

Los radicales llaman a atacar a los Mossos incluso cuando vuelvan a sus casas. Un manual ha sido difundido entre algunos sectores elitistas de las plataformas independentistas catalanas y explica la conveniencia de asaltar comisarías o cuarteles.

Las tácticas de la Nueva Internacional Negra se han instalado definitivamente en Cataluña. Esta internacional no tiene nada que ver con la Internacional Negra que agrupaba a los movimientos fascistas europeos (los que integraban nombres como Stefano Delle Chiae, Pier Luigi Contutelli o Vicenzo Vincuguerra) durante la década de los 70 y los 80 del pasado siglo: ahora se hacen llamar así los movimientos anarquistas que comenzaron a organizarse internacionalmente a partir de las revueltas en Grecia.

Como organización, se formalizó en el 2012 a partir de acuerdo de varias organizaciones internacionales. En esa fecha, creó Ediciones Internacional Negra, una de las editoriales de referencia actual de los movimientos de protesta. El grupo heleno Conspiración de Células del Fuego (fundado en 2007, que se convirtió en una organización terrorista, poniendo bombas por toda Grecia o enviando cartas bomba a políticos europeos dentro de lo que llamó el ‘plan Némesis’) editó un manual de 96 páginas de guerrilla urbana y terrorismo a través de ese canal que detalla cómo tomar las calles y cómo organizar manifestaciones para sembrar el caos.

Ese manual, al que ha tenido acceso El Confidencial, ha sido difundido entre algunos sectores elitistas de las plataformas independentistas catalanas y explica la importancia de aplicar el terror por el terror y la conveniencia de asaltar comisarías o cuarteles policiales. La mayoría de esas tácticas están siendo seguidas punto por punto por alborotadores que estos días hacen de algunas calles de las principales ciudades un infierno. “Los incendios de bancos, el fuego prendido a las comisarías y coches-patrulla, los ataques contra unidades de antidisturbios, las acciones con bombas, los sabotajes y los destrozos nunca han desaparecido de la realidad callejera, mostrando que quien quiere puede también actuar”, alerta el manual.

El documento detalla cómo “montar pequeños y flexibles grupos de choque” y enfatiza que “cuanto más violentos nos volvemos frente a nuestros enemigos, tanto más fuertes nos haremos como su enemigo interno y consciente”. El manual es pródigo en tácticas guerrilleras, en cómo formar los grupos de choque y ensalza que “la piedra lanzada en la jeta de un madero es y seguirá siendo un bellísimo acto de la violencia rebelde”. Y especifica que durante las marchas, cuando haya ataques a bancos, uno de los activistas siempre ha de encargarse de hacer una pintada justificativa al lado de un objetivo destruido.

Además, por las redes sociales han comenzado a correr consignas de atacar a los agentes del orden como objetivo prioritario. “Os lo dijimos, vamos a por vosotros”, advierten activistas anónimos a través de las redes, en mensajes que enseguida se convierten en virales. Los Comités de Defensa de la República (CDR) de la Cataluña central van más allá y esta semana retaban a los Mossos d’Esquadra. “Nos volvemos a encontrar en las calles, psicópatas con uniforme. ¡¡Quien siembre la miseria recoge la rabia!! Que lo sepas, Miquel Sàmper, no pararemos hasta la disolución de la Brimo”, amenazaban este miércoles los comités. Sàmper es el consejero de Interior de la Generalitat y la Brimo es la división de antidisturbios.

AMENAZAS DE MUERTE

Uno de los activistas, Marc, alentaba en una de las plataformas que tras 3 años, “en lugar de ir como panolis a recibir ostias de la Policía represora, hay que cambiar el chip e ir a apalizar a los ‘gossos’ [mossos, pero al cambiar la inicial la traducción es ‘perros’] represores”. El activista llamaba a utilizar “pelotas de petanca de hierro y porras metálicas” para atacar a los agentes del orden. “Y cócteles fogosos. Ya es hora de que los Mossos salgan escaldados”, concluía. Otro activista, Adrià, señalaba que “ha llegado la hora de hacer emboscadas a los ‘gossos’”.

Aludía a que era preciso ir equipados “con todo lo dicho” a las convocatorias y que las concentraciones habían de hacerse “en diferentes lugares de la ciudad y hacer las acciones muy contundentes y reivindicativas. ¡Queremos tener de nuevo libertad y la independencia de Cataluña!”. El sábado por la tarde, las consignas arreciaron. Los más radicales calentaron el ambiente desde el mediodía lanzando consignas para que se aplicase “mucha más contundencia que los 4 [días] anteriores”.

“Los ‘gossos’ han de ser por primera vez superados y sometidos”, advertía otro mensaje. Y un tercero reiteraba: “Los ‘gossos’ ya llevan desgaste después de 4 días y hoy se les ha de superar”. También se formalizó un nuevo canal de comunicación para planificar acciones y realizar convocatorias por las redes. “Lo tenemos todo preparado y planeado. ¡Sólo faltáis vosotros!. Activad las notificaciones”, alertaba una supuesta cúpula organizadora de los alborotos.

Las amenazas de muerte se suceden en las plataformas de activistas, desatando la idea de que cualquier ‘caza al policía’ es bien vista y beneficiosa. Por su parte, el activista J. G. R., que se hace llamar Jou en las redes, llamaba este viernes no ya a atacar a los policías, sino a matarlos “y que con los restos que queden no puedan ni hacer pruebas de ADN”. Este activista, con un cierto predicamento en algunos de los sectores más violentos, añadía que lo conveniente sería esperar a que los policías acaben su servicio y atacarlos cuando estén solos y se dirijan a sus domicilios vestidos de paisano. Además, conminaba a atacar sedes de partidos no independentistas, en una escalada de violencia verbal dirigida a un independentismo exacerbado, irreflexivo y con tintes supremacistas.

Además del asalto de varias comisarías, en el cuartel de los Mossos de Vilafranca del Penedès, por ejemplo, se tiraron muchos kilos de petardos en la noche de este viernes. “Se tiró mucha pirotecnia y eso es muy caro. Los niñatos que se manifestaban seguro que no han puesto ni un euro en comprarla. ¿Quién habrá puesto el dinero?”, señala una fuente de los Mossos a El Confidencial.

Todos los sindicatos policiales de los Mossos dirigieron una carta al consejero de Interior, Miquel Sàmper, en la que le solicitan, ante la coyuntura y las críticas vertidas hacia los Mossos, una reunión “de urgencia para poner solución inmediata a esta situación”. Añaden que se ponen a su disposición “para hacerla incluso, si es posible, este mismo fin de semana”. Y aseguran: “Los ánimos dentro de nuestro colectivo están muy crispados y nosotros, las organizaciones sindicales que representamos al Cuerpo y que, en definitiva somos las que velamos siempre por la paz social dentro del Cuerpo, estamos ya en el límite asumible de poder garantizar esta paz”.

ASALTAR COMISARÍAS Y OTRAS TÁCTICAS

La preocupación de los agentes no es gratuita. En realidad, los Mossos tienen mucha razón para preocuparse. El manual citado explica cómo controlar la violencia callejera y asegura que uno de sus principales objetivos es “instruir” a los “compañeros jóvenes” en la táctica de los ataques por sorpresa, del “lanzamiento de cócteles molotov, del 'golpea y corre', en las huidas listas, en cómo afrontar los gases lacrimógenos, en la coordinación de un plan, en la eficaz destrucción de objetivos (por ejemplo, los bancos) y lo más esencial: pueden vivir esa emoción única de estar uno al lado del otro con una solidaridad que vence al miedo”.

El texto de Internacional Negra destaca que en el caso de que haya enfrentamientos con los antidisturbios en el centro de la ciudad, se crean “vacíos de seguridad” en el resto del campo metropolitano. Y ahí “surge una oportunidad favorable para los compañeros guerrilleros: aparecer por sorpresa e inesperadamente en un punto periférico elegido anteriormente y golpear el objetivo que habían localizado.

Un objetivo como instalaciones policiales, complejo de centros comerciales, etc., el cual bajo condiciones normales sería difícil o hasta inaccesible para atacar (dada la permanente presencia policial o patrullas)”. Advierte que, para estos casos, “es importante que se hayan mapeado los posibles objetivos y sus correspondientes zonas, hayan inspeccionado los alrededores y los eventuales puntos de encuentro, hayan encontrado los trayectos de huida y hayan hablado entre sí de manera conspirativa sorbe el plan de acción”.

El manual pone ejemplos a seguir, como las acciones del grupo de guerrilla urbana Pandillas de Conciencia “que habían realizado ataques de incursión, frecuentemente contra las comisarías (de Egaleo, Perama y el edificio de servicios económicos de la Policía situado en Nea Filadelfia), pero también el incendio de dos vagones del Metro y de un centro comercial”. También detallan la necesidad de realizar maniobras de despiste: mientras se lleva a cabo una batalla campal en el centro de la ciudad, “al mismo tiempo, un grupo de unos 15-20 compañeros decididos golpea a una [zona] menos vigilada, dadas las circunstancias, comisaría en la zona periférica y le prende fuego. Estas dos movidas no son antagonistas entre sí, sino al contrario”.

La Internacional Negra advierte de que los activistas deben de tener mucho cuidado con “las descuidadas charlas en las cafeterías y llamadas del móvil”. Critica “las supuestas posturas, el aire presumido y altanero, los gestos ostentosos, las charlas arrogantes y las chácharas peligrosas por teléfono”. Y subraya: “No olvidemos que ha sido justo esa contribución barata al activismo de cotilleo y de lo insinuado lo que ayudó a la policía para seguir y luego golpear a los compañeros y a los grupos guerrilleros, conduciendo a detenciones y encarcelamientos”.

El sustrato anarquista de los planteamientos queda plenamente demostrado en un demoledor pasaje del manual: “En la guerra contra el poder, no existen reglas ni el ‘honor de las armas’. Podemos utilizar cualquier cosa que no pertenece a la lógica del poder y dirigirla contra ese mismo poder (…) Nuestra violencia se expresa con toda su fuerza en un ataque contar una comisaría, en un atraco, en un incendio, en una acción con bombas… por estos actos de guerra ni por un momento sentimos la necesidad de justificarnos o pedir disculpas a alguien (…). Nuestra violencia siempre está disponible, cada vez que la necesitamos. No la llevamos con nosotros a nuestros encuentros sociales ni a nuestras relaciones personales”.

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